Diez días han dado para mucho al menos en lo anímico. Jorge Lorenzo ya se encuentra en termas río de Janeiro tras un breve paso por Buenos Aires, para afrontar lo que debe ser un reseteo mental completo tras el peor inicio de su trayectoria en MotoGP. No es una cuestión de que pueda pensar en el título, algo que tras dos carreras es completamente lícito, sino de recuperar la competición en la categoría reina, dondeMárquez amenaza con recitales en solitario como el de Austin.

Nunca comenzó tan mal desde que alcanzó MotoGP en 2008. En el año de su debut, llegó incendiando el box de Yamaha y poniendo los cimientos para el que ha sido el gran logro de su carrera, finiquitar la era gloriosa de Valentino. Un segundo en Qatar y un tercero en Jerez le sirvieron de presentación.

Ese es su peor arranque de temporada con Yamaha, para ocupar el decimosexto puesto en la clasificación con sólo seis puntos en dos grandes premios. Ni Rossi, ni Stoner provocaron un inicio tan pobre como el de 2014,

Los problemas no arrancan en lo mental, claro está, sino en la Yamaha, la moto en la que más incómodo se ha sentido en estas siete temporadas. En principio, no parece culpa de la firma japonesa, sino de unas gomas que no le permiten inclinar a su antojo.

“Obviamente, no fue el comienzo de la temporada que estaba soñando, pero estoy bastante seguro de poder revertir la situación.

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